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lunes, 25 de mayo de 2015

En mi amada tierra

Esta noche necesito arrancar un pedazo de mi alma.

En mi amada tierra


Bailan las mujeres sonrientes, libres, sin más cadenas que las que sujetan en sus cuellos las flores que trenzan sus hijos y la plata grabada por sus amantes.
Ellas danzan mientras nosotros cantamos, alrededor del calor del hogar, donde el fuego se eleva junto al humo y las risas, al aguamiel que destilamos en esta tierra que tanto amo, en este rincón de mi alma donde las murallas son impenetrables y los ríos eternos.
Hay lugar aquí para las montañas, para los árboles y los animales. Sitio hay también para las aves inalcanzables, para los sueños que se quedan, y para los que se escapan, y para las bestias de brillantes ojos rojos de colmillos sedientos. El valor y el miedo son bien venidos, pues ellos hacen latir nuestros corazones.
Abandono el gran salón, ebrio, pisando descalzo el relente de la noche, degustando en mi piel el frío viento que porta todas las palabras que llegan desde lo alto, desde el lugar entre las estrellas, sabiendo que un día se me dará allí la bienvenida. Pero aún deben esperar la presencia de mi espíritu, porque es en mi amada tierra donde deseo gozar y llorar un poco más.
Aquí he aprendido a reír, a disfrutar, a amar, a luchar, a caer y a levantarme, a curar heridas y a degollar a mis enemigos. Es sobre esta tierra, donde se pone el sol para luego volver a salir fiel a su cita, que nace esa sensación de libertad nadie podrá borrar de mi mirada mientras mis ojos sigan rodeados de toda esta belleza.
Y, siendo sincero, sólo espero que sea la lluvia quien limpie mi cadáver cuando cierre los ojos, tumbado sobre la hierba, como el que descansa después de hacer el amor bajo la luna llena. Que sean entonces los buitres quienes eleven en sus buches mi carne hasta las nubes mientras mi espíritu ocupa un lugar al lado de mi padre.
Entonces le contaré qué hice con mis manos, qué palabras atesoré en mi corazón y cuántas sonrisas arranqué de la mujer a la que amé.
Sí, eso es lo que más deseo, contarle qué fue de su amada tierra cuando pasó a ser mía.




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