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viernes, 4 de julio de 2014

Corre

Ayer fue un mal día, el peor desde hace mucho, y por eso el funesto hecho cogió a mi corazón desprevenido. Mi perra Doro, la galga que adoptamos hace casi cuatro años y que tanto amor ha esparcido por cada uno de los rincones de casa, murió.
Así que este escrito va por ella.

Corre

Miré a tus ojos y vi una fuerza que deslumbró mi corazón, mostrándome muchas cosas que ahora empiezo a comprender. Había vida allí dentro, en esas pupilas cansadas que buscaban la caricia de esta mano que ahora escribe, que hoy te ha acariciado por última vez.
Viajamos a las montañas donde guardé para ti la promesa de hacerte correr de nuevo, de mostrarte el lado amable del sol, del campo y de la lluvia, del camino que recorrimos tantas veces desde aquel momento en que la nieve se descubrió ante tu entusiasmo infantil.
A través del bosque escuchamos a los espíritus corear la gracia y la dicha sobre nuestra piel, y cuando el río acogió nuestra sed, no podía más que contemplar la grandeza de aquel momento, tatuándolo en mis pupilas, dejando que el amor de tu mirada rompiera las altas murallas de Ilión.
Al llegar el descanso de la noche, al abrigo de un abrazo y la respiración de quien se sabe seguro, las estrellas siempre descubrieron la esencia del cordón de plata, ligero como un susurro y duro como el acero, uniendo dos corazones invictos, destinados a volver a encontrarse más allá del sueño y la muerte, siempre elevándose por encima del sol y la luna, atravesando el Empíreo y desafiando a toda la Creación.
La fuerza de tu presencia me ha hecho comprender el bien que algunos seres vivos pueden llegar a irradiar, dotando de una nobleza abrumadora cada uno de tus gestos, caricias y miradas.
Y por todo eso que ahora no puedo más que llorar, porque cuando he visto cómo partías, en mi corazón se ha roto la rueda que todo lo engrana. Un último abrazo no ha bastado para resumir el tiempo que todavía nos quedaba por compartir, y si hubiera sido más fuerte, mis labios habrían formado esa palabra que tanto te gustaba escuchar.
Corre.



2 comentarios:

  1. Vaya David... lo he querido leer en voz alta para que me escuchara Abel y no podía...se me hacía un nudo en la garganta y he empezado a llorar...sé perfectamente lo que has sentido y sientes. Así me he sentido al leerlo y perder un amigo fiel como estos seres es muy duro, tal como si fuera un hijo prácticamente. No he dejado de llorar...eso es amor incondicional...ojalá acabemos adoptando más perretes y salvando vidas. Me emociona ver tu noble corazón y el amor a los animales y en especial los perros, es algo maravilloso. Le diste a Doro 4 años maravillosos de felicidad y ella siempre te estará agradecida allá donde esté, en el paraíso. Un buen día puede que otro peludo encuentres su reencarnación, quién sabe, a mi me sucedió o al menos así lo sentí. Un abrazo fuerte

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    1. Muchas gracias Azahara por tus palabras. Aunque es temprano para habla de nuevas adopciones, pero por supuesto no quedan descartadas. De momento debo seguir al pie del cañón, pues nos quedan tres bichejos más por casa que requieren de toda nuestra atención, jeje. Un abrazo.

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