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martes, 24 de junio de 2014

Un lugar especial: Serón




Serón es un pueblo de la sierra almeriense, donde el noble arte de la confección de embutidos, jamones y aceites está fuertemente arraigado a la montaña donde reposa. Este lugar de empinadas calles es el que contemplo en mis vacaciones, desde hace ya ocho años.  
Cuando uno llega a las inmediaciones de Serón, venga desde Granada o desde la Autovía del Mediterráneo, cruzando la comarca del Alto Almanzora, lo primero que vislumbra es la torre de su castillo árabe alzándose por encima de las murallas del mismo, emplazamiento bien conservado y digno de visitar, ya no solo por su valor arquitectónico, si no por la impresionante panorámica que nos regala del Valle del Almanzora. A mí, personalmente, me encanta subir al castillo por las noches, bien entrada la madrugada, donde se respira una paz que inunda el alma.

 Vistas del castillo

Calle de la zona antigua, subiendo al castillo.

 Parte de las vistas desde el castillo.

Puedo destacar también en mis habituales paseos nocturnos el olor a jamón que recorre sus calles, donde se reparten los secaderos colonizando cada rincón de la villa. Necesitaría quizá una suerte de metáforas grandilocuentes, dignas del mejor de los poetas, para hacer imaginar al lector tan magnífica fragancia; pero me temo que mi habilidad con las palabras todavía no dé para ello. Simplemente os diré que por muy bien que uno haya cenado, el apetito se abre en el acto, imaginando esos cortes sobre pan recién horneado.

 Serón al amanecer.

Pasear en el silencio nocturno de las calles de Serón hace comprender la magia de este lugar, donde luces naranjas iluminan el blanco de sus casas. Subes, bajas, caminas por el casco antiguo, recorriendo sus estrechísimas calles, y tienes la sensación de poder escuchar tus propios pensamientos.
Suelo terminar mi paseo en la plaza del ayuntamiento, en el espacio abierto más grande del núcleo urbano del pueblo, donde el silencio y el olor a jamón perduran en el ambiente. Podría decirse que un conjuro guarda el lugar del ruido de la vida moderna.

 La plaza del ayuntamiento.

Por el día, yendo a comprar a sus pequeñas tiendas y colmados, la gente te saluda, te conozcan o no, qué más da, la educación es lo primero. Las tenderas te hacen sentir pronto parte de su parroquia, y cuando los viernes llega el mercado ambulante, el ambiente, las voces de los vendedores, el olor a pollo asado y los churros te hace comprender que “Esto es vida, amigo”.
Serón, además, lleva unos años trabajando por convertirse en un lugar turístico, enfocado principalmente en un turismo sostenible, promoviendo las energías alternativas. Participa en las más importantes ferias sobre la promoción turística, como FITUR, siempre promoviendo el producto local. Y es que sorprende que una pueblo tan pequeño, de unos tres mil habitantes, creí leer una vez, se dedique a cuidar lo suyo con tanto esmero. Destacar también el recorrido de Vía Verde que podemos encontrar en sus afueras.

 Recorrido de la Vía Verde de Serón.

También podemos encontrar varias rutaspara caminar, para ir con 4x4 o darle caña a la bici. 

Instantánea durante la carrera Baja Andalucía, en Serón, cita anual para los amantes de los 4x4.

Ahora, si algo hay que me llenó de entusiasmo la primera vez que acudí fue la Fiesta del Jamón, que se celebra cada primer fin de semana de Julio. Es, simplemente, espectacular: ver esa plaza del ayuntamiento e inmediaciones enmarcada de casetas donde se reparte jamón, chorizo, salchichón y pan, todo remojado con vino o cerveza... una apoteosis gastronómica sin tener que tocar un fogón. Salvaje fue la experiencia, y siempre que puedo hago coincidir mis vacaciones para no perderme este festejo.




Instantánea durante la Fiesta del Jamón y jamones esperando su turno.

Hay mil cosas que se podrían decir y explicar sobre Serón, muchas de ellas que se me escapan por el simple hecho de querer recordaelas, así que os aconsejo que pinchéis en cada uno de los enlaces que os he ido dejando.
Yo, por mi parte, seguiré disfrutando de este fantástico lugar, pese a las diez horas de viaje en coche que nos separan. Y, claro, os invito a conocerlo... y degustarlo.


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