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miércoles, 20 de noviembre de 2013

En torno a quien gira el Universo



En torno a quien gira el universo


Vio las luces apagarse en mitad de la nada, cuando alguien gritó dentro de su alma, moviéndose rápidamente por sus lágrimas, arrancando de su corazón los pocos retazos de su pasado que todavía no habían ardido tras las puertas del abandono.
Una estrella negra profanó sus sueños, y por mucho que la llamé, las voces de la noche eclipsaban con su monótona melodía todas las respuestas que se acumulaban frente a sus ojos.
Todavía recuerdo la tumba donde enterraron su sonrisa.
El polvo que esparció el viento fluyó agónico en las corrientes malditas que se arremolinaban junto al agujero negro que retenía su luz. Si realmente creí escuchar su voz, fue producto de mi locura; ella estaba tan lejos que ni el eco de su mirada pude atisbar entre las tinieblas de su recuerdo.
La marca de aquellas cenizas selló el firmamento.
Concentrado en mi pesar, incapaz de escapar de tan funesta canción, una estrella se elevó surcando el universo a bordo de un barco blanco construido con sueños y esperanzas.
Al igual que la oscuridad ama a la noche, aquel nuevo sol arrancó del olvido el alma por la que tanto temí. El vacío impenetrable quedó cuarteado como un cristal lanzado contra la roca que se yergue orgullosa y superviviente entre las arenas del tiempo, y, bajo el resplandor de aquel marinero estelar y su divina embarcación, la sonrisa que ya casi había olvidado deslumbró como nunca antes de había visto al oscuro universo.
La sangre de Cronos volvió a correr ardiente entre las nebulosas, reviviendo el gran titán para continuar la obra que los dioses olvidaron.
Ambos cruzaron sus miradas, y a partir de aquel instante todo lo que debía ser fue.
Porque ella es la madre que esperaba, por la que sufrí y lloré, y él mi padre que viene de lo Alto, quien nos buscaba entre las tinieblas.
Aun es temprano para hablar, sólo puedo escuchar, pero sé que recordaré gracias a ellos todos los secretos que ahora debo olvidar. En mi corazón arde la piedra angular sobre la que girarán sus vidas, una piedra que nunca verá quebrada su luz.
Escuchad… escuchad… es su respiración amansando mi impaciencia. Pronto veré sus caras, y son esas sonrisas, esas lágrimas, por lo que merecerá la pena nacer.



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