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domingo, 5 de agosto de 2012

Una canción


Se abrazó a aquel árbol dejando que su pecho desnudo besara la corteza. El latir de su corazón llamaba al espíritu que habitaba todas aquellas ramas; también en las hojas verdes, en las raíces bajo la tierra, en la sabia universal que a todos los da la vida.
Más abajo, a los pies de la hierba húmeda de la mañana, el río de cristalinas aguas se despereza después de una noche callado, después de tantas horas observando, enamorado como está de la luna y de sus hijas.
Tenía los ojos cerrados. Sentía la respiración de la naturaleza a su alrededor, tumbado sobre la sombra que el árbol proyectaba bajo los juguetones destellos que un renaciente sol. Todo era armonía a su alrededor, dejando que el universo entero penetrase en él a través de todos sus sentidos.
Durmió, y soñó. Se vio volando entre estrellas, descubriendo nuevos mundos bañados por radiantes soles portadores de vida. Se sentía bien así, dejando que su espíritu volviera al lugar donde nació, al centro mismo de la creación, del universo vivo que respira el nombre de todas las cosas, vivas o muertas, pues la existencia es eterna.
Abrió de nuevo los ojos para descubrir la llegada de la lluvia y su magia. Desnudo bailó toda la tarde, sobre la hierba mojada, riendo y cantando, abrazando al viento del Norte para luego abrazar al viento del Sur. Besó al viento del Este y, sonriendo al viento del Oeste, danzó hasta que la noche pronunció su nombre.
El río de nuevo confesó su amor por la Luna de cabellos plateados y sus hijas que brillaban por miles tras ella. El hombre, fascinado por aquella devoción, se arrodilló y cantó para los enamorados:

“Escucho las voces de los espíritus
que vienen a cantar esta noche.
De lejos llegan para contemplar
el destello de tus ojos en los míos.

Pido a las estrellas que escriban tu nombre
para rubricar el mío con un beso,
y así sellaré esta noche sublime
de danzas, canciones, risas, miradas y amor”.

Calló entonces y escuchó. Silencio por todas partes, paz entre las ramas y sobre la hierba fresca. Miró al cielo y la noche le devolvió la mirada. Estaba en paz.


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