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viernes, 15 de junio de 2012

Cuatro noches para un sueño


Primera noche

Buscase donde buscase no hallaba el sitio, la postura adecuada, un pensamiento tranquilizador; el sueño se escurría entre sus dedos.
Clavó las uñas en la espalda de la noche, exigiendo el placer del sueño. Minutos que se burlaban de las manecillas del reloj, horas perezosas jugando alrededor de la cama.
Otra vuelta.
El murmullo del río más allá de la ventana le ataba a este mundo. Un coche avanzaba en la lejanía, de paso, perdido bajo la luna menguante. La nevera crujió. Eso le devolvió a su inmediato alrededor. Le hubiera gustado irse junto al rumor del vehículo, avanzar así hacia el mundo de los sueños, penetrar en la paz y el silencio de la noche fría y oscura; pero no, su mente programaba otro viaje.
Conocía los caminos que tomar bajo el sol, enemigo de la musa que le inspiraba, ladrón de sueños, amigo de la cruda realidad. Pero él sabía que ni el astro rey podría apartarle del Destino. Bajo las horas en que la imaginación sucumbe atemorizada por la terrible y sangrienta realidad, su Voluntad había abierto una puerta al otro lado. Un momento visualizado, un punto marcado en el mapa de su vida; allí, en las lejanas tierras del Sur, grabaría en la piedra de los sueños su nombre con puño firme.
Y eso le impedía dormir.
Años luchando, años sangrando; toda una vida susurrando, incapaz de hablar, incapaz de gritar. Pero al fin alzó la cabeza, y el orgullo reflejado en sus ojos iluminó la noche y a todos quienes esperaban aquel momento. Su momento había llegado.


Segunda noche

Su cuerpo cansado tenía derecho al descanso, pero él no quería dormir por miedo a despertar. Abrió los ojos para sentir mejor el viento en su cara, necesitaba ver para no olvidar dónde estaba. Luces de ciudad entre la eterna noche de discreta luna, palabras desde el corazón resonando como una nana en su cabeza; un sueño desde que despertara la mañana anterior, un sueño sin fin bajo las palmeras del antiguo reino morisco.
Paseó por aquellas calles silenciosas, visitó el alma de sus compañeras de viaje, conoció al guardián de los sueños y bebió del cáliz de los maestros. No dudó en hablar cuando le preguntaron, pero recordó que necio es aquel que se sienta junto al viajero y no escucha lo que éste tiene que contar; escuchó y escuchó, pensó y recapacitó, y fue entonces cuando se reveló en su corazón una energía blanca y pura que le indicó cuál era su lugar.
Regresó alborotado a su cuerpo y respiró con calma, aliviado. No era un sueño, era el Sueño, y tenía que vivirlo sin más, sin complejos ni dilaciones.
Abrió su alma ante la puerta del Destino, y al entrar dejó que entraran ellos también. El eco de sus voces le reconfortaron y desterraron la soledad nocturna.


Tercera noche

Todo había pasado tan rápido que se sentía lleno, saciado.  Vivió sin temor las horas que duró aquel sueño que tanto visualizó. Risas, caricias, miradas, palabras, conocimientos, temores superados, monstruos derrotados; todo ello para hacer crecer los corazones y las almas de quienes en aquel día decidieron no despertar y seguir soñando.
Se tumbó en la cama sin saber a dónde iría después. ¿Cómo tranquilizar aquella energía que fluía en su alma? ¿Cómo cerrar los ojos así sin más, sintiendo una alegría desbordada que anegaba los siete puntos de su universo? Simplemente respiró y se dejó llevar.


Cuarta noche

Aquella era su cama, aquel su hogar, su mujer, su vida; pero algo había cambiado en él.
Sabía que ya nada iba a ser igual. Nada de lo que sucedería en el futuro sería lo que había escrito en el firmamento.
La noche susurraba una bonita melodía en resonancia con la luz que tres ángeles habían depositado en su corazón. Pasó del frío invierno a la primavera más radiante. El verde se difuminó con la oscuridad reinante y dio forma al árbol que siempre había sido su vida. Nuevas ramas crecieron ante sus ojos y nuevos frutos degustó.
Cayó en el sueño de quien ha conocido la plenitud, el sueño de aquel que sigue enamorado de las pequeñas cosas, de la gente que mira con nobleza, de los que saben hablar y callar… a los que nunca olvidará… a los que nunca abandonará.


David Arrabal Carrión



Dedicado a todos mis compañeros de Editorial Círculo Rojo y a quienes de acercaron al I Encuentro de Autores de Círculo Rojo, pero especialmente a Mercedes, Montse y Anaïs; sobretodo a ellas.

6 comentarios:

  1. Muy bien David. Estoy esperando con ganas hincarle el diente a tu novela.
    No me cabe duda de que la reunión de El Ejido fue toda una experiencia.
    ;)

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  2. ¡Enhorabuena, David! Sin duda, ese viaje a El Ejido nos ha marcado un antes y un después en la vida de cada uno de nosotros. Ha sido fuente de inspiración para nuestros relatos y lo que pueda ocurrir después.
    Muy buen relato y que sigan los éxitos....!!!!

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  3. Enhorabuena, David, por tu relato. Oye, que ahora estoy seguro de que he estado allí...
    ¡Gracias y un abrazo!

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  4. Tan solo espero que nos veamos de nuevo el año que viene. ¡Yo ya escribo pensando en otra presentación en la segunda edición del evento!

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  5. He de confesar que me enamoras con tus palabras y sensibilidad, como siempre te digo y lo digo en serio, escribe, y mucho, amigo eres muy bueno, me encantan tus comentarios y la forma de hacerlo, eres un buen narrador. Y sobre el encuentro y tus compañeras de viaje, son una delicia, y el Evento, nos une más a todos, espero que esa ilusión no acabe nunca, y hayan más y más, y mejores que gracias a todos (incluida yo) se pudo hacer y yo como bien expresas no lo olvidare en mi vida.
    Gracias
    tu alegría y sentimientos, son los míos
    ENCARNACIÓN ALCALDE BROTONS

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